Diagnóstico.

 

Siendo el tema central de la investigación la “evaluación formativa”, se pretende realizar dos tipos de evaluaciones: autoevaluación, en donde de manera reflexiva y crítica se analizará si, como docente, se ha implementado una correcta y efectiva evaluación formativa que cumple con su metodología logrando un aprendizaje significativo y obteniendo evidencias pertinentes que demuestran el avance de los estudiantes y; una evaluación contestada por los estudiantes que, con base en su experiencia en el aula y la práctica docente, registren si adquirieron aprendizaje, fue interesante, se sintieron acompañados durante su trayecto, entre otros aspectos.

Después de una investigación acerca de instrumentos que evalúen la práctica formativa, se encontró únicamente documentos en donde explicaban lo que es en sí dicho concepto y cómo se desarrolla de manera que cumpla con sus objetivos. Por ejemplo, Casanova (1998) considera que se debe de aplicar un modelo de evaluación “formativo, continuo e integrado en el desarrollo del currículo, colaborando a la mejora del mismo y de los propios procesos de aprendizaje del alumnado” (p. 66).

Por otro lado, Díaz Barriga y Hernández (2002), menciona a la evaluación formativa como “un proceso en continuo cambio, producto de las acciones de los alumnos y las propuestas pedagógicas que promueva el docente” (p. 406). Es decir, no es fija, sino que de acuerdo con los resultados que se vayan dando en cada actividad o ejercicio, se realiza una retroalimentación y, si es necesario, un cambio en la práctica docente, siempre buscando que se llegue al objetivo o aprendizaje esperado.

Para la autoevaluación, se pretende utilizar algunos de los items de las listas de cotejo que presenta el documento de “Enfoque formativo de la evaluación”, SEP (2012) cuyos items son desglosados a partir de distintos aspectos de los que mencionan Barriga y Hernández (2002) acerca de lo que se espera de un docente, quienes tienen que crear experiencias interpersonales en el aula, logrando un interés por aprender en sus alumnos haciendo de ellos personas exitosas.

El docente debe de ser: mediador entre el aprendizaje y el conocimiento, acompañando a los estudiantes en todo momento; profesional, reflexivo y crítico de su práctica, siendo capaz de tomar decisiones y solucione problemas que se presenten en su aula o escuela; analizador crítico de sus propias ideas; proveedor de aprendizaje significativo, logrando interés en los alumnos por utilizar dichos conocimientos y más; una ayuda pedagógica para todos y cada uno de sus alumnos, estando pendiente de sus necesidades, competencias e individualidades de los mismos; tener de meta educativa lograr que sus alumnos desarrollen autonomía y autodirección.

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