Nueva Escuela Mexicana


La evaluación formativa dentro del marco de la Nueva Escuela Mexicana (NEM), se presenta como un elemento esencial para fortalecer los proceso de enseñanza y aprendizaje, el cual se basa en la observación, reflexión y realimentación para identificar logros, aspectos por mejorar y fomenta la autorregulación y el diálogo colaborativo.


En los Lineamientos Específicos para la Realización de la Evaluación Diagnóstica de los Aprendizajes de las Alumnas y los Alumnos en Educación Básica (MEJOREDU, 2024) se enfatiza que “la evaluación es parte del proceso formativo y está profundamente relacionada con la interacción pedagógica entre docente y alumnos” (p. 6), por lo que se busca un diálogo constante entre los actores educativos para identificar logros, obstáculos y áreas de oportunidad.


Se subraya la importancia de los Ejercicios Integradores del Aprendizajes (EIA) como herramientas clave en la educación formativa, debido a que reflejan la integración de conocimientos y habilidades en tareas contextualizadas, fomentando la resolución de problemas reales. El diseño de rúbricas específicas facilita la realimentación cualitativa, orientada a detonar procesos de mejora continua en el aula.


La NEM impulsa estrategias que consideran los contextos individuales y comunitarios, para promover un aprendizaje más impulsivo y significativo, así como el pensamiento crítico mediante valoraciones provisionales y colaborativas. El enfoque parte principalmente de la realimentación como herramienta esencial para que docentes y estudiantes tomen decisiones informadas y ajusten sus prácticas pedagógicas de acuerdo a las necesidades específicas.


De acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (2023), la NEM establece cinco estrategias fundamentales para implementar la evaluación formativa: 


  • Clasificar criterios y objetivos educativos: Se enfatiza la necesidad de compartir con los estudiantes los propósitos de aprendizaje y los criterios de evaluación desde el inicio del proceso. Permite comprender claramente qué se espera de ellos y cuáles serán los indicadores de éxito en cada actividad. Fomenta la transparencia y garantiza que el estudiante conozca y se apropie de los objetivos educativos. Se puede aplicar por medio de acuerdos al inicio de las clases, discusiones educativos grupales y el uso de rúbricas explicativas.

  • Diseñar actividades significativas: Consiste en planear tareas y proyectos que brinden evidencia del aprendizaje de los estudiantes, vincularse con situaciones reales o realistas. Vincular la teoría con la práctica, favoreciendo la transferencia de conocimientos al contexto cotidiano del estudiante. Por ejemplo, resolver problemas prácticos, desarrollar proyectos colaborativos o presentar informes basados en investigaciones.


  • Proporcionar retroalimentación constructiva: Brindar información al estudiante sobre su desempeño para que identifique fortalezas, áreas de mejora y pasos a seguir, con el fin de motivarlo y orientarlo en su aprendizaje. Puede aplicarse mediante devoluciones verbales, escritas o grupales, centradas en aspectos específicos de mejora.


  • Activar el aprendizaje entre pares: Se promueve la coevaluación, donde los estudiantes analizan el trabajo de sus compañeros y se fomenta el pensamiento crítico y la colaboración. Se aprovecha la interacción entre estudiantes para reforzar conocimientos y habilidades. Por ejemplo, ejercicios de corrección mutua en redacciones, debates grupales o análisis de proyectos.


  • Fomentar la autorregulación del aprendizaje: Cada estudiante es responsable de reflexionar sobre su progreso y establecer metas de mejora. Se desarrollan habilidades metacognitivas y promueve la autonomía en el aprendizaje. Puede trabajarse con el uso de diarios reflexivos, cuestionarios autogenerados o metas personales de aprendizaje.


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