La realimentación se convierte en un medio para guiar y potenciar el aprendizaje de los estudiantes mediante la identificación de sus fortalezas y áreas de mejora. Castro Larroulet & Moraga Tononi (2020) mencionan que los educandos “al recibir información y análisis sobre su desempeño académico, de su avance y proceso en su formación” (p.14), se le proporciona herramientas para reflexionar sobre su progreso y tomar acciones que fortalezcan su desarrollo. En esta interacción se integran conocimientos previos, nuevos aprendizajes y una construcción significativa de la cognición del estudiante.
En la evaluación formativa, el docente asume un rol clave al realizar un seguimiento continuo del aprendizaje, tanto individual como grupal, con el propósito de diseñar estrategias que fortalezcan las habilidades y competencias del estudiante. Al informar sobre los objetivos y aprendizajes esperados, así como los criterios y procedimientos de evaluación, se fomenta en el estudiante una comprensión clara de cómo alcanzar sus metas educativas. El compartir avances y resultados, hace que el docente no solo oriente el aprendizaje, sino que fortalece la motivación intrínseca.
Un aspecto esencial de este proceso es el papel del docente quien debe “explicar el contenido enseñado de tal manera que sea comprendido por los estudiantes y posible de ser transferido a otros contextos” (Castro Larroulet & Moraga Tononi, 2020, p. 15), lo cual enriquece la utilidad del aprendizaje más allá del aula. En entornos virtuales, la realimentación adquiere una dimensión adicional, al fomentar la participación, la interconexión y los vínculos entre los integrantes de la comunidad educativa, lo que facilita el desarrollo de aprendizajes colaborativos y significativos.
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